Carmela Morell Casañ, Honorable Clavariesa 2017

CARMELA

MORELL CASAÑ

Honorable Clavariesa 2017

 

Discurso pronunciado por Ignacio Grande Ballesteros, Director de Carítas Diocesana de Valencia, en la Exaltación de la Honorable Clavariesa de 2017

En un día como el de hoy, creo sinceramente que la palabra que más ha de resonar entre estos muros, es la de Gracias. Gracias en primer lugar a Dios y a nuestro patrón, San Vicent. Ellos nos reúne hoy aquí, para ellos y por ellos hacemos lo que hacemos, pensamos como pensamos y vivimos como vivimos. Gracias por regalarnos el don de la Fe que nos estimula, hoy más si cabe, a ser instrumentos del Amor de Dios, un amor que no entiende de rupturas, y que nos ayuda a entregar en clave de servicio nuestras vidas a los demás.

 

En segundo lugar, quisiera agradecer al Presidente de la Junta Central Vicentina, mi amigo de la infancia Pere Fuset, y a Carmela, Honorable Clavariesa, la oportunidad que me han brindado de asumir la función de mantenedor de este acto tan significativo para la familia Vicentina. Hoy, a pesar que mi apellido es Grande, me siento pequeño ante tal responsabilidad y desde la más sincera humildad, espero estar a la altura de las circunstancias. Quisiera, igualmente, agradecer el encontrarme en el antiguo convento de Santo Domingo, lugar donde profesó en religión, llegó a ser prior y residió cuando estaba en Valencia, San Vicente Ferrer. Un lugar que, como muchos otros edificios religiosos, ha sufrido a lo largo del tiempo diversos cambios, albergando en sus inicios a una “milicia divina” que avanzaba predicando la Palabra y ahora, albergando una “milicia humana” encargada de defender y servir a nuestra sociedad. Gracias a todas las autoridades militares presentes, ya no sólo por su acogida sino por el servicio y la entrega incondicional a nuestra sociedad.

 

Y como no, Gracias a todos vosotros, vicentinos, bona Gent….. Gracias porque con vuestras vidas, con vuestra Fe y con vuestro compromiso estáis siendo un ejemplo para nuestra sociedad. Y lo estáis siendo por cuatro motivos:

 

1- Porque mantenéis viva nuestra tradición, nuestra identidad y nuestra espiritualidad cimentando vuestras vidas sobre roca, sobre profundos y esenciales valores. Hoy es una necesidad de corazón y deber de justicia reconocer el gran esfuerzo y trabajo constante y entusiasta que realizáis a diario ya no solamente para mantener vivas estas celebraciones entrañables, sino para dar a conocer a más personas el mensaje Evangélico de San Vicente Ferrer y la grandeza de nuestro santo patrono, cuyo eco pervive en el sentimiento popular valenciano.

 

Los valencianos, como herederos directos de San Vicente, tenemos una responsabilidad especial en el cuidado de su legado, y sin vosotros, queridos amigos vicentinos, no creo que fuéramos capaces de hacerlo. Con el discurrir de los años, las fiestas vicentinas han mantenido viva la llama de su herencia. Y ya no solamente eso, sino que en medio de momentos sociales, políticos y económicos complejos, nos ayudáis a recordar quienes somos y a poner el acento en lo que verdaderamente importa.

 

2- En segundo lugar, sois ejemplo porque sois casa y escuela de comunión y de acogida. “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn 15,9-10). Estas palabras de Jesús ponen de manifiesto cuál ha de ser la norma fundamental de nuestra vida personal y eclesial. Hoy más que nunca, la Iglesia ha de resplandecer ante el mundo como una auténtica comunidad de amor; como una auténtica casa y escuela de comunión; una comunidad que vive del amor y que además lo ofrece a todos los hombres y mujeres sin distinción, especialmente y en un orden de prioridad a los que sufren. Gracias porque generáis espacios de fraternidad y acogida. La indiferencia y soledad son uno de los sentimientos más dolorosos para una persona. Somos por naturaleza seres relacionales, seres sociales, y nuestra naturaleza humana se rebela contra el aislamiento la tristeza y el individualismo. Ante esta realidad, la persona siempre ha estado llamada a crear espacios humanizadores e integradores. “Dichosos, bienaventurados, contentos los que procuran la paz porque se llamarán hijos de Dios.” ( MT. 5-9)San Pablo nos indica que hemos sido llamados a la paz y a la fraternidad. Todas las personas estamos por naturaleza relacionadas con las demás, de las que nos diferenciamos pero con las que compartimos el mismo origen, naturaleza, dignidad y fin. Gracias a ello la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcción de la familia humana creada por Dios. Muchas veces no reparamos en que lo que verdaderamente importa, es encontrarnos en nuestras vidas a personas de paz, de comunión, capaces de crear espacios de unidad y fraternidad. Gracias porque esta fiesta es “una madre de corazón abierto”. Los creyentes, no podemos más que crear ámbitos de acogida fraterna, casas siempre abiertas donde todos, se sientan acogidos, encuentren su lugar. Hemos de reconocer y en palabras textuales del Papa Francisco que “si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedor en algunas de nuestras comunidades” por eso debemos ser capaces de “mostrar una comunión y unidad que sane, promueva y afiance los vínculos entre nosotros”

 

Todos estamos deseosos de otra manera de relacionarnos, nuestro corazón necesita lugares de sosiego, de calidez, de encuentro fraterno, de fiesta. Y este ambiente se crea especialmente en esta fiesta, en los altares, en los encuentros, en las procesiones, en las representaciones de los milagros…. Gracias porque sois ejemplo de unidad.

 

3- En tercer lugar, sois ejemplo porque no solamente conseguís alimentar las relaciones entre las personas, sino que la fiesta es el mejor punto de partida para sanar y liberar muchas de las dificultades humanas. La primera, acercar a la persona a Dios. La imagen de San Vicente, su vida y su ejemplo, su devoción y culto son la posibilidad de encontrarse con el Señor. Pensemos en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a nuestro Santo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda o en esas miradas de amor entrañable a cualquier imagen de Sant Vicent. Creo, que si echamos mano de la memoria, no nos será difícil recordar miradas, lágrimas, suspiros, sonrisas cómplices… de tantos que desde una Fe arraigada en nuestro Patrón, ponen su confianza en Cristo y tienen en vosotros el referente espiritual, eclesial y cristiano que tanto necesitan Por eso, se hace tan necesario que todos nosotros entendamos que el movimiento que se crea en torno a la figura de nuestro Santo Patrón, conlleva la gracia de la “misionariedad”, es decir, la gracia del salir de sí mismo convirtiendo cada acto en un gesto evangelizador .Gracias porque sois una presencia activa en nuestra tierra valenciana , como células vivas, piedras vivas. Gracias porque sois un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana, aire fresco, núcleos de Fe, que vivís vuestra creencias desde lo público.

 

4- Y en cuarto lugar, sois ejemplo porque en esta fiesta, nadie es protagonista y a la vez los sois todos. Todos importáis, todos tenéis un papel esencial (desde los niños con la representación de los milagros, los caballeros jurados, las damas….) Todos sois piezas indispensables en esta urdimbre tan especial. Y no solamente eso, sino, que desde la diversidad de cada altar, desde sus particularidades, en el fondo, sois uno. Así sois…... una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, y la variedad reconducida a la unidad genera ejemplo y contagia esperanza. Ojalá nuestra sociedad asumiera que todos somos importantes, que todos tenemos un papel, que todos tenemos el derecho y el deber de construir nuestro mundo.

 

En su viaje a Corea, hace ya dos años, y en su encuentro con los Obispos de aquel país, el Papa Francisco dijo que “la fe, por su naturaleza, no está centrada en sí misma, la fe tiende a “salir fuera”. Quiere hacerse entender, da lugar al testimonio, genera la misión”. Su insistencia a ser una “Iglesia en salida” tiene que ver con la invitación que nos está haciendo a iniciar “una nueva etapa marcada por la alegría y al misericordia. Una invitación que “no dirige sólo a los individuos aislados, sino a todo el mundo”. Es la invitación a participar del sueño de una opción capaz de transformarlo todo. Un sueño en el que las costumbres, los estilos, el lenguaje, los gestos, y toda estructura estén al servicio de la persona .La difícil situación actual nos obliga a posicionarnos ante ella con afán de cambio y de trabajo. Pablo VI decía: “El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros”. Muchos años más tarde, Benedicto XVI, en Madrid, proclamaba a los jóvenes que “Amar es servir y servir acrecienta el amor”. Necesitamos hombres y mujeres firmes y convencidos que las vidas de las personas se han de regir por convicciones y principios, por pasión y por vitalidad. Hombres y mujeres dispuestos a servir, a dar generosamente, a recibir poco, a querer con honestidad y justicia. Y precisamente a eso es a lo que, hoy más que nunca, nuestro Santo nos llama. Tenemos la suerte de conocerlo, tenemos la suerte de seguirlo y tenemos la suerte de hacerlo juntos, en familia….

 

Querida Carmela, hoy serás exaltada Honorable Clavariesa, y eso supone representar a la mujer valenciana en las fiestas a San Vicente Ferrer; servir y unir al mundo Vicentino; siendo un elemento visible que materializará y concentrará muchísimos sentimientos y que servirá de nexo de unión .Estoy seguro que ejercerás de manera impecable tu responsabilidad y que además disfrutarás haciéndolo ya que vives desde la alegría y desde el entusiasmo. Hoy, querida Carmela, te animo a que, junto a todos nosotros, caminemos dando 5 pasos que el Papa Francisco nos recomienda dar, como personas y como Iglesia. 5 pasos que además, en su día, nuestro querido San Vicente fue capaz de dar y que con su ejemplo, nos anima a darlos.

 

El primer paso es el de Primerear (término acuñado por el Papa francisco) que tiene que ver con tomar la iniciativa sin miedo, saber adelantarse, llegar a los cruces de los caminos para brindar esperanza y hacerlo, ¿por qué no? de manera diferente. San Vicente fue pionero en muchas cosas, se atrevió a romper esquemas y a emprender nuevos caminos. Fu capaz de romper las barreras del tiempo y de la distancia… Sin duda, y mejor que yo, todos conocéis la obra pionera del Colegio Imperial de niños huérfanos. Obra que aún hoy sigue dando frutos. Seamos también nosotros, como hizo nuestro Santo, capaces de primear, de ser creativos y atrevidos, de iniciar nuevos caminos que nos acerquen a las personas, y en un orden de prioridad, a los que más sufren.

 

El segundo paso es involucrarse. Y Francisco nos recordará que es el mismo Señor quien “se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos”. Y esa actitud ha de brillar en la Honorable Clavariesa , actitud de servicio; servir entregándose en todo momento o cuando humanamente no se pueda más, indicar el camino a seguir: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5).

 

Pero, mirad, involucrarse implica un “talante contemplativo”. No sólo basta con hacer, hay que ver, escuchar, hay que conmoverse. Hay que involucrase en nuestra vida diaria, “en la calle, en el espacio de la intemperie. Aquel espacio que tiene algo de inseguridad, de despojamiento e incertidumbre. Allí donde te dejas el alma, corazón y vida….....Allá donde asoma la verdad desnuda de las personas”. Sant Vicent se involucró en su vida. (Cisma de occidente, Compromiso de Caspe,…)Fue agente de transformación social. La configuración y la historia de Valencia como pueblo, se debe en gran parte a hombres y mujeres como nuestro Patrono, que se involucraron y ayudaron a transformar y mejorar la sociedad de su tiempo, dejando una huella imborrable e intachable en la identidad valenciana . San Vicente nos recuerda que la Fe crece y madura cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica desde la gracia y el gozo. Tal es así, que fruto de su Fe y entrega total y absoluta a Jesucristo fueron las obras que promovió, sobretodo en favor de los más necesitados, de los últimos, de aquellos que para nosotros siempre han de ser los primeros. Su ejemplo creó instituciones educativas y sociales cuando la sociedad no disponía de ellas, generando así una conciencia social que contagió a toda la población. A eso estamos también llamados nosotros, a que nuestra Fe nos ayude a actuar por los demás, no como una obra social y solidaria, sino como una obligación moral de personas hacia personas.

 

Para ello, tenemos que asumir la vida humana y achicar distancias. Necesitamos renovarnos, para no caer en la tentación de ser indiferentes al dolor y para no cerrarnos en nosotros mismos siendo capaces de salir al encuentro del que sufre, pero haciéndolo de corazón. La actuación práctica, la asistencia, el dar, resulta insuficiente si en ella no se puede percibir, como hizo nuestro Santo, el amor por la persona. La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte así en un darse a uno mismo: “para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don.”

 

Por lo tanto, convirtamos nuestras vidas en ejemplos vivos de ejercicio del amor, porque es una suerte tener ojos abiertos para ver el sufrimiento de los demás, oídos atentos para escuchar su clamor y corazón sensible para conmovernos. Porque Amar es servir y servir acrecienta el Amor. La Beata Teresa de Calcuta decía “no debería arrodillarse ante Jesús Eucaristía quien antes no sea capaz de arrodillarse ante Jesús pobre”.

 

Un Tercer paso en nuestro camino es el de Acompañar. San Vicent acompañó a aquellos que ya no podían más, que habían tocado fondo, que habían tirado la toalla o estaban a punto de tirarla. Y en su modo de acompañar le vemos aliviando y dando respiro. San Vicent acompañó en lo concreto de lo que vivía la gente y eso le adentraba en lo complejo de la realidad. Ante la complejidad de la realidad, Sant Vicent no la negaba ni la desautorizaba sino que se implicaba vital y compasivamente. Nuca negó aquello que se presentaba como dificultoso o amenazante; no eludió afrontar la realidad ni se protegió de ella. Cuántos enfermos sanó, cuanto dolor mitigó…. Fue capaz de caminar al lado del que sufría. No tuvo miedo. A través de sus milagros, hacía posible lo imposible. Sigamos su ejemplo. Seamos capaces de acompañar y acompañarnos mostrando interés real y sentido por el otro, siendo conscientes que solos iremos más rápidos pero juntos llegaremos más lejos. Seamos capaces también de transformar la realidad, de hacer posible lo imposible, o de al menos, intentarlo.

 

En fructificar encontramos el cuarto paso. «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo» (Mt 13: 24-30). Sembremos con la esperanza de saber que algún día alguien recogerá nuestros frutos. Nuestras vidas están llamadas a dar frutos, y frutos en abundancia. …. Nuestras vidas tendrán sentido si somos capaces de producir cambios en las vidas de los demás. La vida se alcanza y madura a medida que se le entrega a los demás para, precisamente, darles vida. San Vicente es sin duda, el Santo Valenciano más Universal. Hoy tenemos que poner en valor todos los frutos que ha dado y continúa dando su persona; vocaciones, asociaciones, movimientos… Toda una vida de frutos… Y tú Carmela has fructificado…. Has conseguido formar una familia, y además, construir la misma sobre principios y valores sólidos. Tus hijos, José Enrique, Juan y Carmela han seguido tus pasos y han edificado sus vidas desde la responsabilidad , el buen hacer personal y profesional y el compromiso activo con nuestra Iglesia Valenciana, tanto en el plano parroquial como incluso Diocesano, asumiendo responsabilidades de gran envergadura. Ellos, junto con tu marido, constituyen tu más valioso tesoro, tu orgullo, del que constantemente das gracias a Dios. No quiero pasar por alto la figura de Paco, tu esposo presente en múltiples actividades tanto de tu parroquia como de la Diócesis, atento siempre a las necesidades de los demás y pendiente siempre de que todo se haga bien. Tengo que reconocer el interés que ha mostrado para que las palabras que ahora os transmito estuvieran a la altura de una gran Honorable Clavariesa. Enhorabuena Carmela por lo mucho que has conseguido y lo mucho que has dado, y que aún te queda por dar. Enhorabuena por tu ejemplo de madre y esposa, en mayúscula. Estoy convencido que durante este año trabajarás con entusiasmo para dar fruto y contagiar tu vitalidad, tu optimismo y tu devoción hacia San Vicente. Y es que ya naciste bajo la protección de nuestro Santo, en cuya pila recibiste las aguas bautismales que han marcado para siempre tu vida. Devota de San Vicente, has querido que tus tres hijos fueran también, al igual que tú, bautizados en la misma pila.

 

La vinculación de Carmela a las fiestas de San Vicente arranca siendo niña, acompañada de su madre, –pues su padre falleció cuando apenas contaba tres años de edad–, asistiendo como espectadora a traslados y procesiones, o contemplando la representación de milagros; sin embargo es en el año 2002 cuando se incorpora de forma activa , apasionada y alegre –como es ella, activa, apasionada y alegre – al Altar del Mercat, donde ha desarrollado su vivencia en el mundo vicentino. Los momentos de mayor gozo y que vive con más intensidad e intimidad se dan cuando tiene en su casa las imágenes de San Vicente o San Vicente niño, a las que nunca les faltan las flores.

 

Pero en el aspecto interior o íntimo, su relación –más que con la fiesta con el santo– tiene otras motivaciones vivenciales. Dos terribles accidentes, uno doméstico y otro de tráfico y un lamentable y grave error médico posterior, que podría haber producido secuelas irreversibles unen más si cabe, a nuestra Carmela con San Vicente, al que se encomendó en tan duros momentos. Convaleciente de todo ello es cuando, en 2004, se le propuso ser Clavariesa Mayor de l’Altar del Mercat, junto con su hija Carmela, lo cual aceptó como agradecimiento al Santo, a alguno de cuyos actos asistió con muleta e incluso en silla de ruedas mostrando una vez más con hechos, la fuerza y pasión con la que vive las cosas. Hace unas semanas, me comentaba lo importante que era para ella afrontar la vida con entereza, con ilusión y con alegría. Y así creo que recibe esta gran distinción como Honorable Clavariesa, desde la alegría, la ilusión y la enteraza.

 

Y cómo último paso, ¡¡¡Celebremos!!!. Festejemos cada pequeño logro , festejemos con alegría y esperanza cada paso en nuestro caminar, cada avance por pequeño e insignificante que sea. Vivamos desde la alegría y la esperanza siendo conscientes que lo verdaderamente importante no es lo que hagamos hoy, sino que lo que hagamos sirva para construir un horizonte nuevo y un mañana mejor.

 

Pare Vicent, como te invocaba hace unos días en el pouet nuestra Honorable Clavariesa en la Eucaristía de acción de gracias al inicio de su clavaría, tú, que has sido nombrado por la Iglesia patrón principal de la Comunidad Valenciana, haz de puente activo entre nosotros y el Altísimo, intercede por este tu pueblo, por todos nosotros. Guía nuestras acciones e iniciativas, fortalece nuestra voluntad para vencer nuestras pasiones, anímanos a cumplir con nuestro deber y sobre todo, ayúdanos a seguirte sin cansarnos con lealtad y alegría para que, junto a toda la familia vicentina, podamos difundir y exaltar mejor tu vida y obra. Gracias a todos ustedes por la atención, y créanme, no hay mayor orgullo, no hay mayor honor y no hay mayor emoción que proclamar con fuerza

 

 

 

Vixca Valencia!

 

Vixca Sant Vicent Ferrer!